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Obesidad

La obesidad es una enfermedad crónica tratable que aparece con la presencia de grasa en el cuerpo. La obesidad puede actuar como un agente que acentúa e incrementa a corto plazo las probabilidades de desarrollar patologías graves como la diabetes, la hipertensión, complicaciones cardiovasculares, e incluso algunos tipos de cáncer como los gastrointestinales.
Chica gorda con tenedor con verduras y cinta métrica
Mujer joven musculosa tonificada haciendo ejercicio

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Las causas de la obesidad son múltiples. Además de mala alimentación o ausencia de ejercicio físico, también existen factores genéticos y orgánicos que inducen su aparición.

Otros aspectos que hay que tener en cuenta son la existencia de enfermedades que pueden favorecer que la obesidad se manifieste. Además, algunos tratamientos farmacológicos, la falta de sueño o dejar de fumar también son factores de riesgo de la obesidad; el estrés o etapas como la menopausia o después de dar a luz pueden coincidir con un aumento de peso que, si no se trata, puede acabar provocando obesidad. 

La acumulación del exceso de grasa debajo del diafragma y en la pared torácica puede ejercer presión en los pulmones, provocando dificultad para respirar y ahogo, incluso con un esfuerzo mínimo. La dificultad en la respiración puede interferir gravemente en el sueño, provocando la parada momentánea de la respiración, lo que causa somnolencia durante el día y otras complicaciones.

La obesidad puede causar varios problemas ortopédicos, incluyendo dolor en la zona inferior de la espalda y agravamiento de la artrosis, especialmente en las caderas, rodillas y tobillos.

Los trastornos cutáneos son también frecuentes. Dado que las personas obesas tienen una superficie corporal escasa con relación a su peso, no pueden eliminar el calor del cuerpo de forma eficiente, por lo que sudan más que las personas delgadas.

Del mismo modo, es frecuente la tumefacción de los pies y los tobillos, causada por la acumulación a este nivel de pequeñas a moderadas cantidades de líquido.

La prevención de la obesidad debe incluir un cambio de hábitos en alimentación y en actividad física:

Comer bien es uno de los hitos principales para evitar la obesidad. Adquirir una rutina alimentaria saludable en la que seamos partícipes. Conocer bien los grupos de alimentos y hacer una ingesta calórica adecuada a la cantidad de ejercicio que realiza a lo largo del día. Seguir este patrón de alimentación es la única posibilidad de prevenir la obesidad y en caso de adelgazar, mantener la pérdida de peso en el tiempo. La prescripción de actividad física debe ser la adecuada y bien ajustada a cada sujeto, ya que si no está guiada podemos caer en el error de no llegar a los umbrales de ejercicio necesarios. Para evitar la obesidad el ejercicio físico debe combinar los ejercicios de fuerza con el trabajo cardiovascular, ya que al mejorar la fuerza también lo hará la capacidad de moverse, aumentará la motivación y la adherencia a un programa tanto de ejercicio como de nutrición.